Y la vida poco a poco
se transforma en una sucesión de sonrisas conformes
un continuo de almas arrebatadas por las fotos.
el trabajo, la familia, el perro, el auto.
Ojos apagados, colores opacos y desvanecidos.
De algo hay que vivir muchacho,
nunca le has trabajado un día a nadie,
resuena la voz gris del calendario,
Y el trabajo dignifica dicen por ahí.
¿Quien en su sano juicio quisiera crecer?
Prefiero ser indigno, hasta el fin del calendario,
el recipiente de susurros en viciadas cenas familiares,
el blanco de las preguntas incomodas, y las respuestas burdas.
Y la vida poco a poco
transmuta en unas míseras monedas oxidadas,
las chauchas encariñadas del bolsillo,
el vuelto del pan, de un pan
(que basta y sobra)
Lo único que espero
de mi inevitable aparición en las fotos laborales
es que no me arrebaten mi amargura,
mi ancla, cruz y vela.
Pues una sonrisa conforme
en la metropolís del trueque usurpador de vida
es la muerte poco a poco.