sábado, 30 de diciembre de 2017

Pandora II

Recobré la consciencia enmudecido
El destello inicial me obscureció los ojos
Vi caras amistosas esfumarse
más rapido que el olvido de un sueño
en noches tormentosas

Me dejaron solo y no sé,
mis ojos obscurecidos dudan de la existencia
Los rostros amistosos rápidamente se volvieron grises,
transparentes
invisibles.
Solo tengo la certeza de mis manos
estrechandose mutuamente.
El silencio es ensordecedor
se llevó las voces que me incitaban al abismo,
luego de haber saltado al abismo.
Dudo de mi convicción
y temo.
La soledad es enseguecedora
y el cuerpo entra en sopor.
Temo.

lunes, 25 de diciembre de 2017

Solía buscarte en las noches (Solía mirar la luna)

No te había visto hace tiempo,
mi mirada había dejado de buscarte en las alturas
presidiaria de las grietas del suelo
como quien consigue un tesoro
y lo esconde bajo una equis, un mapa
una caja fuerte.
Estaba entregado al cotidiano
con los brazos en alto y la cara contra la pared.
Los juegos gatunos transmutaron en ronroneos metálicos.
Ronroneos inertes, carentes de valor.
Ronroneos metálicos.
El ritmo iracundo de la vida
quedó aplastado como notas musicales en una hoja de papel
el pentagrama se alzó como un panóptico.
Vi las irrefutables torres de papel erguirse,
crecieron con sombra tenaz y te ocultaron.

Maldije a los obreros
Maldije a los arquitectos
que te alejaron de mi.

Me di cabezazos contra el concreto repetidas veces,
hasta que olvidé por qué lo hacía

Maldije rutinariamente a obreros y arquitectos
porque algo me habían hecho,
pero los insterticios del cuerpo se rellenaron de cemento.

Seguí maldiciendo a punta de pura intuición,
hasta que me callé.

Reinó el silencio.

Reinó el silencio.

Cuando de casualidad me vi la frente sangrar en el espejo
caí en cuenta que yo era obrero y arquitecto.
Me había construído mi propia celda para no verte,
todo el tedio adorna mis paredes color cotidiano,
había guardado el fuego esencial en una cajita
y me dediqué a ver las manijas del reloj caminar.

Levanté la cabeza y te volví a ver.
Sonreí,
como en los viejos tiempos.
Tuve miedo,
como en los viejos tiempos.
Sentí las llamaradas serenas volver a arder azules.
Te contemple en silencio, acechando
me contestaste con versos lunares,
y seguí contemplandote con el alma curiosa,
con paciencia en llamas,
con serenidad desbordada.
Te vi elevarte por las montañas
elegante vestiste los cerros de plata,
dibujaste todas las siluetas de la noche nuevamente,
las que habían arrancado los coyotes grises
con sus fauces putrefactas de rabía malhabida.

Por un momento me sentí como en los viejos tiempos,
en los tiempos de vida,
Y te seguí mirando en silencio
y tuve una epifanía de falsedad,
Vi hilos tras tuyo sujetándote,
Vi que en cualquier momento este paisaje se desvanecería,
Vi que sigues ahí
Vi la continuidad imparable de mi mortalidad,
Vi como cambié los paseos iracundos de la noche por tibias torres de papel.
Al verte vi la muerte a los ojos,
y dudé.
Y dudé sobre la duda.
Salté de mi torre de papel mirándote a los ojos.

sábado, 23 de diciembre de 2017

Pandora I

Estoy frente a mi caja de pandora
las puertas del infierno se levantan.
Tengo mi máscara puesta y está rota,
No puedo ver mis manos
mas se que tiemblan estruendosamente
como el llanto de un recién nacido.

El fondo de mi alma sabe que es mala idea
y el brillo cotidiano de mis ojos me implora que corra
Aléjate, huye.
Las cerraduras las pusimos por algo ¿no?
¿Para qué quieres hacer temblar el mundo?
¿Para qué liberar los fantasmas que sellamos,
que abandonamos en la sombra del olvido?
Una vez abierta, la vuelta atrás será tortuosa
y el camino hacia adelante incierto.
Nada nos promete nada.
Al final del tunel no está la certeza de la luz.

Pero aquí estoy.
De pie frente al abismo
con una caja en las manos.
La parte opaca de mis ojos tiene la llave
y no dice nada.
Sabe, sabemos que no hay que decir nada.
La curiosidad se filtró a través de la caja.
No, la curiosidad siempre estuvo acompañandome con su sonrisa maliciosa,
y yo voy a convertirme en el cadaver del gato curioso.
Replicaré la historía ancestral por vez infinita.
Replicaremos los caminos escabrosos,
sabíamos que este día llegaría.
Quizás con cuantas muertes carga la verdad
en su espalda felina y misteriosa.
¿Carga la verdad con el cuerpo inerte del amor?
¿Habrá dejado alguna pizca de felicidad en algún resquicio de este bosque?
¿O será la verdad la metamorfosis de las risas infantiles frente a las nubes?

Dentro de este bosque de árboles blancos
de este bosque de árboles de espejos
de este bosque de árboles en llamas
árboles secos
árboles putrefactos
árboles invisibles de opacidad.
Dentro de este bosque de árboles de vida
a penas se ve el paso siguiente.
Intuyo que me espera una escena del crimen.
Escucho a los jóvenes murmurar que el amor fue asesinado.
El amor ha muerto, gritan cuervos con tonos grandilocuentes
mientras sobrevuelan irónicos el bosque.
Un susurro cansado pregunta por el sufrimiento.
Su omnipresencia es el aire de la existencia.
Alimento necesario en el bosque de Pandora.
Es la realización de muerte a temprana edad,
es el pánico del infante ante la desaparición.
Thanathos 
la matería prima de la vida misma.

Ruego que los cadaveres hayan fingido su deceso,
pues quienes saben como funciona el mundo
saben que actuar desde el anónimato nocturno es mejor.
¿Tenemos la certeza que todo acaba en la muerte?
Quizás este ruego es la voz del miedo,
o la hermanastra no reconocida de la esperanza en esta travesía.

Solo queda caminar.

viernes, 22 de diciembre de 2017

Qué voy hacer

¿Qué voy a hacer con este fuego que me quema las entrañas?
Intento mentirme a mi mismo,
mantener la paciencia como un imbécil.
Me he ahogado en aguas color ámbar
y aun así se me escapan los versos.
Tengo que cortarlos a medio camino,
tengo que cortarme a medio camino
para no morir precipitado.

Estoy atrapado entre tus ojos y el miedo
entre las espinas y los puntos suspensivos.
Creeme que correría a abrazarlas,
soy capaz de desangrarme entero.
Pero.
Me.
Paralizo.

El ruido al fondo de los rincones oscuros del corazón
me advierten.
Me preguntan.
'¿No temes?'
Sabemos que todo comienzo tiene un fin.
¿Cómo tenerte para siempre sin tenerte?
¿Cómo entregarme sin morir?

¿Qué voy a hacer con este fuego que me quema las entrañas?

Todo fluye como ríos llenos de vida un día,
y al siguiente temo una sequía sin retorno.
La desertificación del corazón.
No se si seré capaz de verte partir de nuevo,
obviamente lo seré,
Pero.
No se si seré capaz de esperar la proxima lluvia
que ablande esta tierra infertil.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Sin título

La luna me susurro tu nombre
dijo que dibujabas
mi extraño rostro
en las estrellas,
gritando suspiros a las hojas
y tiñiendo de pasión cada sentimiento.

Anidaste mi mente
y ahora vuelas libre
de ropajes y cadenas
dejando destellos arcoiris
en la monocromática ciudad.

Así pintamos el sol
verdeazul de locura
y contigo la noche arde reflejo de tu cuerpo.
 Y contigo la fría muerte no puede alcanzarnos
atrapada en enredaderas
quemándose en nuestros ojos
y cuerpos fusionados de magma.

El miedo me evita
al enfrentar la muerte
ahuyándole a la luna
con nuestras pieles en plata.

Si es contigo
haremos al desierto de concreto
llover de envidia
creciendo como maleza
en cada esquina.

martes, 4 de julio de 2017

De tuberías III: A sangre fría

He repetido la situación infinitas veces en mi cabeza.
He sentido el frío metal cortando sus cuellos, uno a uno.
He escuchado sus gritos de terror,
antes de hacer gargaras con su propia muerte.
He visto el acelerar de las ruedas corriendo despavoridas.
He sentido el calor tóxico de su sangre en mi cara.
Luego de la masacre orgiástica me he reído de sus tristes destinos,
y de las caras de espanto de mi madre y mi hermano
al verme concluir semajante faena, como carnicero nato.
Ahora estamos a salvo, les digo, mientras me abro paso,
entre los ríos de sangre miserable de un grupo de menores,
que juegan a robar, y han sido convertidos en pecios.
Yo camino con el cuchillo tibio y glorioso en mi mano entumida,
como quien luce orgulloso su primera erección.

He repetido la situación infinitas veces en mi cabeza
He sentido el calor del plomo saliendo de mis manos,
el estruendo de las balas volando fulminantes por el aire
y el sonido sordo al incrustarse en su cabeza.
He vuelto a sentir el calor tóxico de su sangre en mi cara
y los gritos despavoridos de todos.
Luego de la masacre orgiástica me he reído de sus tristes destinos,
y me he reído de mi propia miseria y la miseria del hombre.
Me he preguntado por sus grises madres llorando al hijo santo,
que juega a robar y yace convertido en colador.
Mi madre está en el piso inconsciente, le subió la presión.
Levántala hermano, vayamos adentro, hagamosle un te.
No, no, te preocupes, deja que los niños inertes tomen su siesta
arullados por los brazos de la noche.

He repetido el asalto infinitas veces en mi cabeza.
Apenas teníamos dos celulares pencas,
y unas tarjetas que ya no pueden más de deudas.
Ojalá nos paguen las deudas.
Ellos llegaron en un auto de lujo y yo a penas alcancé a verlos.
Los ví antes que se bajaran y solo pude mantener la calma.
Temí por mi madre hipertensa y mi hermano que intentó escapar.
Llevábamos cosas para celebrar mi cumpleaños en un par de días más.
Se llevaron unos cuadernos con poesía y un gato porteño,
que se encargaba de marcar las páginas de un libro de Hesse.
Me dejaron de regalo el chiste de sudar frío
cuando pasa un auto cerca mío.
Yo me creía amigo de la noche, pero hay quienes la toman de rehén.

He repetido infinitas veces la misería del hombre en la ciudad
Somos un número más en la estadística del miedo.
He repetido infinitas veces mi sangre hipótetica regando el pavimento
Ni su sangre ni mi sangre ha bañado la inmundicia aun. 




martes, 7 de marzo de 2017

De tuberías II (o poco a poco)

Y la vida poco a poco
se transforma en una sucesión de sonrisas conformes
un continuo de almas arrebatadas por las fotos.
el trabajo, la familia, el perro, el auto.
Ojos apagados, colores opacos y desvanecidos.

De algo hay que vivir muchacho,
nunca le has trabajado un día a nadie,
resuena la voz gris del calendario,
Y el trabajo dignifica dicen por ahí.

¿Quien en su sano juicio quisiera crecer?
Prefiero ser indigno, hasta el fin del calendario,
el recipiente de susurros en viciadas cenas familiares,
el blanco de las preguntas incomodas, y las respuestas burdas.

Y la vida poco a poco
transmuta en unas míseras monedas oxidadas,
las chauchas encariñadas del bolsillo,
el vuelto del pan, de un pan
(que basta y sobra)

Lo único que espero
de mi inevitable aparición en las fotos laborales
es que no me arrebaten mi amargura,
mi ancla, cruz y vela.
Pues una sonrisa conforme
en la metropolís del trueque usurpador de vida
es la muerte poco a poco.

miércoles, 22 de febrero de 2017

De tuberías I

En la vereda de una ciudad ajena
Como todas las ciudades
Hay tuberías grises pegadas en los muros,
paredes posteriores que no deben verse
no son pulcras ni brillantes como las del frente,
no reciben con los brasos abiertos
a los alegres consumidores adormecidos.
Compartimos la misma mirada,
entes necesarios de la ciudad,
huraños, evitativos y grises.
Despreciamos juntos los grandes edificios
dudamos de sus discursos grandilocuentes.
Sabemos que todo el resplandor que producen
Son meras ilusiones manufacturadas con sangre
de manos lejanas y cansadas
cuyos desechos pasan por nosotros
por las tuberías y cañerías
pegadas en las paredes grises
al reverso de la gran ciudad.

Siempre

Siempre digo siempre
y al terminar el vocablo
niego de los absolutos.
Y al rato recaigo,
lo absoluto no es tan absoluto.
lo totalidad nunca es total
y en la nada siempre hay algo.

Siempre, otra vez.
Se repite.

Siempre me digo a mi mismo
con voz de reproche,
"no debes dejar de escribir
o te perderás en el tedio
te sumergirás en lo superfluo"
Y siempre olvido las letras
y me embobo mirando el techo
mirando pantallas brillantes
mirando la vida pasar en fotos.

Y después vuelvo.
Siempre vuelvo,
Se repite, otra vez.

Siempre digo siempre
y al terminar el vocablo
noto lo absurdo de lo absoluto,
y que solo manejamos moldes subjetivos.

Siempre quiero escribir y
Siempre lo dejo para más tarde y
Siempre vuelvo y vuelvo y
Siempre me hago la misma promesa
"Siempre tienes que escribir" y
la vida se rie de mis absolutos
de mis metas preconcebidas
de la idea que aparecerá la inspiración
y la musa llega en momentos burdos
mirando pantallas brillantes
mirando la vida pasar por la ventana.