domingo, 21 de agosto de 2016

La casa de mi abuela.

La casa de mi abuela esta vacía,
vacía de esos ojos silenciosos
que por casi un siglo la recorrieron.
Las murallas y los cuadros están intactos
en especial el de Victor Jara sonriente,
a pesar de que cambiaron los sillones viejos,
las sillas de la mesa siguen siendo las mismas.
Esas sillas que no alcanzaban
para el acto sagrado de tomar un tecito,
con un poco de pan y lo que hubiera para echarle.

La casa de mi abuela está vacía
de las conversaciones que nunca tuvimos,
de ese libro de historias que nunca me compartió
en palabras,
que se intuye con solo mirarla.

La casa de mi abuela no está vacía,
vacío quedé yo con su partida,
quedé vacío de ancestros en la tierra.

Me dicen que no se fue, que siempre estará
y lo tengo claro,
pero en la noche helada
hay segundo que no dejan de lloriquear
por un abrazo al Rodrigo pequeño,
que lloraba cuando la madre iba al trabajo
y el único consuelo era un paquetito de cereales,
cereales sin sabor, cereales de ojos húmedos.

Yo se que ahí está,
con los dulcecitos y juguetes que me regalaba para mi cumpleaños,
aunque nunca los usara, porque había crecido
más rápido en mis ojos que en los suyos.
Crecí rápido y crecí mal,
me faltaron abrazos y conversaciones,
me faltó tiempo, como buen mal agradecido.
Te extraño abuelita.




lunes, 11 de abril de 2016

Cicatriz

Chile tiene una cicatriz en el alma
que recorre toda su geografía
como veneno sembrado en el fondo de sus entrañas.
El pasado oscuro reverbera
en nuestros días.
Maquinarias de muerte mutilaron las alas
y la infancia perdida en una muchedumbre
de cuerpos apilados.

El llanto y silencio retumban bajo tierra
en voces de fantasmas que intentaron alcanzar el sol.
Voces silenciadas bajo tierra ausente
sembraron nuestras entrañas tiritando.
Tiritando.

Hoy las miradas vacías buscan
un resguardo en cualquier rincón de la ciudad
rincones habitados por el olvido
el refugio es desesperación mortífera:
Un vaso de vino, un cigarro, una sonrisa
En silencio.
Silencio con máscara de infinitud.
La alienación como una salida
bocas cerradas con labios de carretera
brazos abiertos de rascacielos
Murmullos huecos que solo adornan
En silencio

En silencio
Nos abraza mar y cordillera
testigos perennes de nuestra aberración.
Nos vieron surcar las aguas sin aletas
Nos vieron surcar los cielos sin alas
Nos vieron alcanzar las más altas cumbres
Y al mismo tiempo nos vieron y lloraron
al vernos parados al borde del abismo
y dar un paso adelante de la mano del dictador.
Los árboles lloraron la tragedia humana
y aun inundan Santiago en invierno
Como requiem de la guerra a la vida
que no logró apagar de los ojos el fuego.

sábado, 9 de abril de 2016

Naufragio

Acaso no seremos ya muchos
corazones latiendo inercia
en este barco de tinieblas a la deriva
navegando ciegos por el borde del abismo

El naufragio del individuo
Flota como madera en alta mar.
La realidad tisnada en la costumbre (decadente),
fósiles esparecidos en el concreto
son dientes de dragón vueltos ceniza.

Símbolos brumosos de la caída humana,
en jeróglíficos de luz escarchada.
Animales empáticos de envidia y odio
Indolentes venas lagrimeando miseria y dolor.
Nos precipitamos al silencio de las estrellas
y las aguas del ego caen al vacío eterno:
Vacío eterno, vacío líquido:
Todo calla y todo resuena
Como un insecto que lucha por su vida en un estanque.
Eco de posibilidades infinitas
Eco de verdades probables,
Reflejos en el negro de las pupilas
Reflejo de luz en el espejo
Como reflejo del mar al cielo,
en la noche oscura de calma premonitoria de tormentas,
en todos los rincones petrificados de un mundo silente:

Mundo silencioso de pasión,
Sueños al borde de la hipotermia
Y mi cuerpo ruge por las manos
mis ojos de ardiente impaciencia
Estremeciendo miradas congeladas en lo cotidiano
Cuyas almas se secaron llorando aburrimiento.