Tengo la sensación que no me queda mucho tiempo,
en esta ciudad.
Hay algo que me expulsa a gritos,
quizás son los propios,
que buscan correr hasta desfallecer.
Olvidarse un rato de pensar en el otro,
pero mientras los siga viendo,
días tras día,
se me hace moralmente imposible olvidarlos,
porque significa olvidarme a mi mismo.
Está todo tan podrido que dan ganas de llorar,
pero en lugar de brotar lagrimas,
por dentro hierve la sangre.
Es una ira melancólica, destructiva, impasible e imparable.
Al final, ¿a quién le importa?
¿Realmente importa si nuestra juventud se nos escapa
si la vida se nos arranca
intentando engañar esta realidad cruel?
A veces hace falta el botón de pausa
o la salida de emergencias.
Quizás siempre está ahí,
acompañandonos
pero somos muy cobardes para mirarla.
domingo, 30 de junio de 2013
sábado, 29 de junio de 2013
A un paso,sin rodeos.
¿Y por qué no terminan de una vez por todas con los rodeos y nos meten a todos en la cárcel a hacer los trabajos forzados que tanto necesitan para producir su basura lujosa y sin sentido?
Si al final, estamos a penas a una deuda de distancia. Es cosa de que nos atrasemos en pagar un cuota de esa "casa propia" con la que tanto soñamos para que nuestra nueva única vista sea la torre de guardia que estamos obligados a observar desde la ventana de la celda, al mismo tiempo que hacemos música con nuestros grilletes.
Si al final, estamos a penas a una deuda de distancia. Es cosa de que nos atrasemos en pagar un cuota de esa "casa propia" con la que tanto soñamos para que nuestra nueva única vista sea la torre de guardia que estamos obligados a observar desde la ventana de la celda, al mismo tiempo que hacemos música con nuestros grilletes.
Prostitutxs
-¿Cual es el problema con las prostitutas?
Algunos venden sus cuerpos y otros sus ideas. La única y leve diferencia es que una forma es más explicita que la otra y -tal vez- más placentera. Al final es, en casi todos los casos, supervivencia.
-¿Y la transmisión de enfermedades venéreas?
A eso yo te respondo, ¿Que peor enfermedad que ser cómplice de la ignorancia de tus pares, de los estereotipos y prejuicios, de la conformidad y estupidez?
Algunos venden sus cuerpos y otros sus ideas. La única y leve diferencia es que una forma es más explicita que la otra y -tal vez- más placentera. Al final es, en casi todos los casos, supervivencia.
-¿Y la transmisión de enfermedades venéreas?
A eso yo te respondo, ¿Que peor enfermedad que ser cómplice de la ignorancia de tus pares, de los estereotipos y prejuicios, de la conformidad y estupidez?
lunes, 17 de junio de 2013
El tiempo no es oro.
Tanta falta de sentido, tanto vacío, que adornan como si fuera la mierda más grande y hermosa del mundo, pero que en realidad no sirve para nada. Hace falta detenerse a pensar un rato. Pero claro no hay tiempo, y si lo hay es mejor hacerlo "productivo", porque como dicen "el tiempo es oro".
El tiempo es oro.
El tiempo es oro...
El tiempo no puede ser oro. ¿Qué era, entonces, el tiempo antes del oro? ¿Acaso no existía el tiempo antes de tal preciado metal? El tiempo, al menos desde que está existiendo el hombre con uso de raciocinio, no es otra cosa que posibilidad y vida. Una de esas tantas posibilidades puede ser limitarla a la obtención de esa piedra brillante, que de no ser por el valor construido socialmente, no es otra cosa que un lindo ornamento.
El problema del tiempo radica en que la posibilidad antes mencionada es la hegemónica, la que se ha impuesto continuamente mediante la violencia como la única válida, la única lógica: la que realmente vale la pena. Pero lo único que nos asegura el tiempo, a parte de la muerte inevitable, es un sin fin de posibilidades, de las cuales nace la vida. La vida es posibilidad y por ende la muerte es la ausencia de posibilidades.
Al decir que el tiempo es oro, negamos las posibilidades del tiempo y por ende negamos la vida: estamos muertos. Muertos "vivientes" detrás de una construcción social sin valor ni sentido. Todo lo que el dinero - el oro - conlleva es parte de lo mismo.
Así el hombre solo vive cuando acepta estas posibilidades, cuando es capaz de elegir por sí mismo: decide. Decidir qué estoy haciendo con el tiempo es la mayor expresión de vida. Suena muy veraz la frase que dice: "Solo el pez muerto sigue la corriente"
(Aun quedan muchos vacíos)
El tiempo es oro.
El tiempo es oro...
El tiempo no puede ser oro. ¿Qué era, entonces, el tiempo antes del oro? ¿Acaso no existía el tiempo antes de tal preciado metal? El tiempo, al menos desde que está existiendo el hombre con uso de raciocinio, no es otra cosa que posibilidad y vida. Una de esas tantas posibilidades puede ser limitarla a la obtención de esa piedra brillante, que de no ser por el valor construido socialmente, no es otra cosa que un lindo ornamento.
El problema del tiempo radica en que la posibilidad antes mencionada es la hegemónica, la que se ha impuesto continuamente mediante la violencia como la única válida, la única lógica: la que realmente vale la pena. Pero lo único que nos asegura el tiempo, a parte de la muerte inevitable, es un sin fin de posibilidades, de las cuales nace la vida. La vida es posibilidad y por ende la muerte es la ausencia de posibilidades.
Al decir que el tiempo es oro, negamos las posibilidades del tiempo y por ende negamos la vida: estamos muertos. Muertos "vivientes" detrás de una construcción social sin valor ni sentido. Todo lo que el dinero - el oro - conlleva es parte de lo mismo.
Así el hombre solo vive cuando acepta estas posibilidades, cuando es capaz de elegir por sí mismo: decide. Decidir qué estoy haciendo con el tiempo es la mayor expresión de vida. Suena muy veraz la frase que dice: "Solo el pez muerto sigue la corriente"
(Aun quedan muchos vacíos)
En algún momento que ya pasó
En algún momento podría haberte dedicado un cuento
una historia, una novela.
Hasta un libro entero.
Horas, semanas, meses, incluso años.
Pero tan rápido como vino, se fue.
Tan fugaz como ese fuego que prendió,
se apagó
y se volvió menos que ceniza.
Por eso me tengo miedo.
Por eso no soy permanente,
pero, al menos,
te lo digo de frente.
una historia, una novela.
Hasta un libro entero.
Horas, semanas, meses, incluso años.
Pero tan rápido como vino, se fue.
Tan fugaz como ese fuego que prendió,
se apagó
y se volvió menos que ceniza.
Por eso me tengo miedo.
Por eso no soy permanente,
pero, al menos,
te lo digo de frente.
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