Llevo piedras en la mochila
a primera hora del alba
apretado como otro del ganado
No se ve ninguna sonrisa
Audífonos son la guarida
Con ojos medios cerrados
Refugio a las heladas
Mendigando trozos de energía.
Llevo piedras en la mochila
Como anclas en la bahía
Llevo libros de inercia
de juventud hecha trizas
Llevo años de migas
Insectos en el parabrisas
Llego crucificado a misa
Y aun guardo la sonrisa
Un cigarro en la mañana
Con suspiros mecánicos
Adornos de ruidos metálicos
Hasta que ruge la campana
Y no quiero entrar
y no quiero entrar
dejame escapar
dejame arrancar
viernes, 23 de octubre de 2015
miércoles, 14 de octubre de 2015
Poeto
Yo no soy un poeta,
fui bautizado poeto
por la más irreverente de las poetas,
no poetizas.
Pero no de esas irreverencias
posadas, hediondas a falsedad,
a máscaras y frases cliché
Ni de odios baratos
o existencialismos pencas.
No.
Ella me bautizó así
de manera irreverente
y con una sonrisa ruidosa
asedió mi seño fruncido
con proyectiles de sencillez
y sinceridad
como imparables llamaradas.
Y el castillo se cayó a pedazos
Y las piedras milenarias rieron al caer
de lo imbéciles que se ven los hombres
adornados con su infinidad de máscaras
y sus caras de moais.
fui bautizado poeto
por la más irreverente de las poetas,
no poetizas.
Pero no de esas irreverencias
posadas, hediondas a falsedad,
a máscaras y frases cliché
Ni de odios baratos
o existencialismos pencas.
No.
Ella me bautizó así
de manera irreverente
y con una sonrisa ruidosa
asedió mi seño fruncido
con proyectiles de sencillez
y sinceridad
como imparables llamaradas.
Y el castillo se cayó a pedazos
Y las piedras milenarias rieron al caer
de lo imbéciles que se ven los hombres
adornados con su infinidad de máscaras
y sus caras de moais.
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