Puedo pecar de traidor,
mas nunca de mentiroso.
Hago tragedias anunciadas
cosechadas en vaivén de desilusiones
cuyo origen desconozco:
¿Fue la siembra de desilusión
y el sabotaje después?
Probablemente al revés.
Entonces le temo al cariño,
que te pueda entregar,
pues sufro más herir,
incapaz de soportar esos ojos
vidriosos,
ni la voz tajeada
por cortopunzantes sentimientos.
Es más fácil
llenar la espalda de cruces
que ver a otro cargando la propia.
Es el orgullo
mezclado con empatía
que se vuelve inabarcable.
Es más fácil jugar a perdedor
que ver las ilusiones
trizadas en el suelo.
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