Hay poetas que se mueren jóvenes
y no es por el véndabal del amor,
por el clamor de la revolución
o el torbellino de la existencia.
Es otro el motivo.
Buscan no quedar encarcelados
en las fotos de sus cuerpos avejentados.
No se quien
ni cómo lo hace,
pero los hace ver como cáscaras oxidadas.
Que bueno que no soy poeta,
nadie tendrá fotos de mi cuerpo cansino
o me recordará con los ojos ya sin brillo.
Nadie me recordará.
Que bueno es solo reir a veces.
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