He repetido la situación infinitas veces en mi cabeza.
He sentido el frío metal cortando sus cuellos, uno a uno.
He escuchado sus gritos de terror,
antes de hacer gargaras con su propia muerte.
He visto el acelerar de las ruedas corriendo despavoridas.
He sentido el calor tóxico de su sangre en mi cara.
Luego de la masacre orgiástica me he reído de sus tristes destinos,
y de las caras de espanto de mi madre y mi hermano
al verme concluir semajante faena, como carnicero nato.
Ahora estamos a salvo, les digo, mientras me abro paso,
entre los ríos de sangre miserable de un grupo de menores,
que juegan a robar, y han sido convertidos en pecios.
Yo camino con el cuchillo tibio y glorioso en mi mano entumida,
como quien luce orgulloso su primera erección.
He repetido la situación infinitas veces en mi cabeza
He sentido el calor del plomo saliendo de mis manos,
el estruendo de las balas volando fulminantes por el aire
y el sonido sordo al incrustarse en su cabeza.
He vuelto a sentir el calor tóxico de su sangre en mi cara
y los gritos despavoridos de todos.
Luego de la masacre orgiástica me he reído de sus tristes destinos,
y me he reído de mi propia miseria y la miseria del hombre.
Me he preguntado por sus grises madres llorando al hijo santo,
que juega a robar y yace convertido en colador.
Mi madre está en el piso inconsciente, le subió la presión.
Levántala hermano, vayamos adentro, hagamosle un te.
No, no, te preocupes, deja que los niños inertes tomen su siesta
arullados por los brazos de la noche.
He repetido el asalto infinitas veces en mi cabeza.
Apenas teníamos dos celulares pencas,
y unas tarjetas que ya no pueden más de deudas.
Ojalá nos paguen las deudas.
Ellos llegaron en un auto de lujo y yo a penas alcancé a verlos.
Los ví antes que se bajaran y solo pude mantener la calma.
Temí por mi madre hipertensa y mi hermano que intentó escapar.
Llevábamos cosas para celebrar mi cumpleaños en un par de días más.
Se llevaron unos cuadernos con poesía y un gato porteño,
que se encargaba de marcar las páginas de un libro de Hesse.
Me dejaron de regalo el chiste de sudar frío
cuando pasa un auto cerca mío.
Yo me creía amigo de la noche, pero hay quienes la toman de rehén.
He repetido infinitas veces la misería del hombre en la ciudad
Somos un número más en la estadística del miedo.
He repetido infinitas veces mi sangre hipótetica regando el pavimento
Ni su sangre ni mi sangre ha bañado la inmundicia aun.
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