jueves, 15 de febrero de 2018

Pandora III

Se me agolpan todas las palabras en el cuerpo
como materialidad de noches presagiosas.
Después de la euforia,
después de los latidos nocturnos,
después de las certezas imprecisas
de mi nombre en un susurro:
El silencio, la ansiedad,
la dulce angustia
visitante recurrente del insomnio.

Las palabras atolondradas quieren salir rugiendo todas juntas
quieren devolverme a esos rincones cálidos alejados por la convicción.
Amnesia momentánea de dualidad
de este corazón tormentoso.
Y después de la tormenta
la calma
¿Y después de la calma?
No haré oídos sordos a la electricidad potencial
de los días tranquilos.
La dialéctica del alma no se detiene
ante las certezas provisorias.
Solo nos embriagamos en estas verdades pasajeras
A sabiendas que no tenemos nada más.

¿Por qué preocuparnos por el amancer
si apenas estamos sintiendo el crepúsculo?
Dejemos que los astros sigan su transcurrir ancestral.
Entreguémosnos al vaiven de nuestro polvo de estrellas hecho carne 
alzado como sentimiento auténtico.
Tantas construcciones difusas y forzadas
de las que nos vestimos para evitar
el caos de los corazones
y nos olvidamos de lo único que tenemos en cada momento,
el momento.
Su discontinuidad mágica
Algo permanece y algo cambia.
Nos armamos de comodidades rápidas
buscando enfrentar el frío de nuestros vacíos artificiosos.
Y en el pecho continúa nuestro ritmo incesante.
Sístole y diástole.
Un dos, un dos, un dos
un dos, un...

Posa tu mano en mis entrañas
notarás detrás de mis ojos de tormenta
la sinceridad de éstos latidos incesantes.
Acurruca tu mirada en mis pupilas un segundo
notarás tras el velo oscuro,
la luz de tardes serenas.
Atardeceres de naranjo intenso 
de calma incandescente
Soy el sol dando su luz
mientras cae al mar salvaje.
Soy la luna elevando sus hechizos de plata
en los cerros perennes.
Soy el ciclo interminable que muestra la vida 
en sus horas infinitas
Soy sístole y diástole.
Un dos, un dos, un dos
un dos, un... 

No hay comentarios:

Publicar un comentario