En algún momento podría haberte dedicado un cuento
una historia, una novela.
Hasta un libro entero.
Horas, semanas, meses, incluso años.
Pero tan rápido como vino, se fue.
Tan fugaz como ese fuego que prendió,
se apagó
y se volvió menos que ceniza.
Por eso me tengo miedo.
Por eso no soy permanente,
pero, al menos,
te lo digo de frente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario