Tanta falta de sentido, tanto vacío, que adornan como si fuera la mierda más grande y hermosa del mundo, pero que en realidad no sirve para nada. Hace falta detenerse a pensar un rato. Pero claro no hay tiempo, y si lo hay es mejor hacerlo "productivo", porque como dicen "el tiempo es oro".
El tiempo es oro.
El tiempo es oro...
El tiempo no puede ser oro. ¿Qué era, entonces, el tiempo antes del oro? ¿Acaso no existía el tiempo antes de tal preciado metal? El tiempo, al menos desde que está existiendo el hombre con uso de raciocinio, no es otra cosa que posibilidad y vida. Una de esas tantas posibilidades puede ser limitarla a la obtención de esa piedra brillante, que de no ser por el valor construido socialmente, no es otra cosa que un lindo ornamento.
El problema del tiempo radica en que la posibilidad antes mencionada es la hegemónica, la que se ha impuesto continuamente mediante la violencia como la única válida, la única lógica: la que realmente vale la pena. Pero lo único que nos asegura el tiempo, a parte de la muerte inevitable, es un sin fin de posibilidades, de las cuales nace la vida. La vida es posibilidad y por ende la muerte es la ausencia de posibilidades.
Al decir que el tiempo es oro, negamos las posibilidades del tiempo y por ende negamos la vida: estamos muertos. Muertos "vivientes" detrás de una construcción social sin valor ni sentido. Todo lo que el dinero - el oro - conlleva es parte de lo mismo.
Así el hombre solo vive cuando acepta estas posibilidades, cuando es capaz de elegir por sí mismo: decide. Decidir qué estoy haciendo con el tiempo es la mayor expresión de vida. Suena muy veraz la frase que dice: "Solo el pez muerto sigue la corriente"
(Aun quedan muchos vacíos)
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