Ah que mierda esto de no poder escribir,
me estoy desbordando en remolinos por dentro
y no puedo escribir una maldita cosa bien.
Justo en ese momento en que la tranquilidad
parecía ya tan amiga de la soledad,
todo se va al carajo
y es que las cosas pequeñas
incluso las más infimas
pueden hacer caer un edificio.
La piedra más pequeña
puede comenzar una avalancha.
El problema es que estoy en el fondo,
viendo como el mundo se me precipita
y no puedo dar un paso.
¿Para qué miento?,
en realidad no quiero dar ningún paso,
está incertidumbre es la que hace la vida,
la que la da sentido al momento anterior
y a todo lo que viene después.
La verdad es lo único que se disfruta,
ese momento donde la más pequeña
señal, cosa, risa, mirada,
significa todo y nada.
Y es mejor que signifique nada,
que fome cuando las cosas son,
prefiero mil veces estar al centro del remolino,
a punto de ahogarme,
o al borde del precipicio,
en lugar de tener todas las respuestas.
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