En la vereda de una ciudad ajena
Como todas las ciudades
Hay tuberías grises pegadas en los muros,
paredes posteriores que no deben verse
no son pulcras ni brillantes como las del frente,
no reciben con los brasos abiertos
a los alegres consumidores adormecidos.
Compartimos la misma mirada,
entes necesarios de la ciudad,
huraños, evitativos y grises.
Despreciamos juntos los grandes edificios
dudamos de sus discursos grandilocuentes.
Sabemos que todo el resplandor que producen
Son meras ilusiones manufacturadas con sangre
de manos lejanas y cansadas
cuyos desechos pasan por nosotros
por las tuberías y cañerías
pegadas en las paredes grises
al reverso de la gran ciudad.
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