sábado, 23 de diciembre de 2017

Pandora I

Estoy frente a mi caja de pandora
las puertas del infierno se levantan.
Tengo mi máscara puesta y está rota,
No puedo ver mis manos
mas se que tiemblan estruendosamente
como el llanto de un recién nacido.

El fondo de mi alma sabe que es mala idea
y el brillo cotidiano de mis ojos me implora que corra
Aléjate, huye.
Las cerraduras las pusimos por algo ¿no?
¿Para qué quieres hacer temblar el mundo?
¿Para qué liberar los fantasmas que sellamos,
que abandonamos en la sombra del olvido?
Una vez abierta, la vuelta atrás será tortuosa
y el camino hacia adelante incierto.
Nada nos promete nada.
Al final del tunel no está la certeza de la luz.

Pero aquí estoy.
De pie frente al abismo
con una caja en las manos.
La parte opaca de mis ojos tiene la llave
y no dice nada.
Sabe, sabemos que no hay que decir nada.
La curiosidad se filtró a través de la caja.
No, la curiosidad siempre estuvo acompañandome con su sonrisa maliciosa,
y yo voy a convertirme en el cadaver del gato curioso.
Replicaré la historía ancestral por vez infinita.
Replicaremos los caminos escabrosos,
sabíamos que este día llegaría.
Quizás con cuantas muertes carga la verdad
en su espalda felina y misteriosa.
¿Carga la verdad con el cuerpo inerte del amor?
¿Habrá dejado alguna pizca de felicidad en algún resquicio de este bosque?
¿O será la verdad la metamorfosis de las risas infantiles frente a las nubes?

Dentro de este bosque de árboles blancos
de este bosque de árboles de espejos
de este bosque de árboles en llamas
árboles secos
árboles putrefactos
árboles invisibles de opacidad.
Dentro de este bosque de árboles de vida
a penas se ve el paso siguiente.
Intuyo que me espera una escena del crimen.
Escucho a los jóvenes murmurar que el amor fue asesinado.
El amor ha muerto, gritan cuervos con tonos grandilocuentes
mientras sobrevuelan irónicos el bosque.
Un susurro cansado pregunta por el sufrimiento.
Su omnipresencia es el aire de la existencia.
Alimento necesario en el bosque de Pandora.
Es la realización de muerte a temprana edad,
es el pánico del infante ante la desaparición.
Thanathos 
la matería prima de la vida misma.

Ruego que los cadaveres hayan fingido su deceso,
pues quienes saben como funciona el mundo
saben que actuar desde el anónimato nocturno es mejor.
¿Tenemos la certeza que todo acaba en la muerte?
Quizás este ruego es la voz del miedo,
o la hermanastra no reconocida de la esperanza en esta travesía.

Solo queda caminar.

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