lunes, 25 de diciembre de 2017

Solía buscarte en las noches (Solía mirar la luna)

No te había visto hace tiempo,
mi mirada había dejado de buscarte en las alturas
presidiaria de las grietas del suelo
como quien consigue un tesoro
y lo esconde bajo una equis, un mapa
una caja fuerte.
Estaba entregado al cotidiano
con los brazos en alto y la cara contra la pared.
Los juegos gatunos transmutaron en ronroneos metálicos.
Ronroneos inertes, carentes de valor.
Ronroneos metálicos.
El ritmo iracundo de la vida
quedó aplastado como notas musicales en una hoja de papel
el pentagrama se alzó como un panóptico.
Vi las irrefutables torres de papel erguirse,
crecieron con sombra tenaz y te ocultaron.

Maldije a los obreros
Maldije a los arquitectos
que te alejaron de mi.

Me di cabezazos contra el concreto repetidas veces,
hasta que olvidé por qué lo hacía

Maldije rutinariamente a obreros y arquitectos
porque algo me habían hecho,
pero los insterticios del cuerpo se rellenaron de cemento.

Seguí maldiciendo a punta de pura intuición,
hasta que me callé.

Reinó el silencio.

Reinó el silencio.

Cuando de casualidad me vi la frente sangrar en el espejo
caí en cuenta que yo era obrero y arquitecto.
Me había construído mi propia celda para no verte,
todo el tedio adorna mis paredes color cotidiano,
había guardado el fuego esencial en una cajita
y me dediqué a ver las manijas del reloj caminar.

Levanté la cabeza y te volví a ver.
Sonreí,
como en los viejos tiempos.
Tuve miedo,
como en los viejos tiempos.
Sentí las llamaradas serenas volver a arder azules.
Te contemple en silencio, acechando
me contestaste con versos lunares,
y seguí contemplandote con el alma curiosa,
con paciencia en llamas,
con serenidad desbordada.
Te vi elevarte por las montañas
elegante vestiste los cerros de plata,
dibujaste todas las siluetas de la noche nuevamente,
las que habían arrancado los coyotes grises
con sus fauces putrefactas de rabía malhabida.

Por un momento me sentí como en los viejos tiempos,
en los tiempos de vida,
Y te seguí mirando en silencio
y tuve una epifanía de falsedad,
Vi hilos tras tuyo sujetándote,
Vi que en cualquier momento este paisaje se desvanecería,
Vi que sigues ahí
Vi la continuidad imparable de mi mortalidad,
Vi como cambié los paseos iracundos de la noche por tibias torres de papel.
Al verte vi la muerte a los ojos,
y dudé.
Y dudé sobre la duda.
Salté de mi torre de papel mirándote a los ojos.

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